Venezuela: De tierra de oportunidades a puerto de salida

Aeropuerto de Maiquetía
El mosaico de Cruz Diez se convirtió en un símbolo de los emigrantes.

¿Qué se iban a imaginar los miles de inmigrantes que llegaron a Venezuela desde la década de los ’30 y ’40 en busca de oportunidades, que el país que escogieron como destino y que tanto les dio durante tantos años, se convertiría en un puerto de salida? Que después de haber abierto sus brazos a tanto europeo como hermanos latinoamericanos, ¿la tendencia se invertiría en apenas dos, tres generaciones?

Desde la década de los ’30 y ’40 hasta los años ’60, Venezuela era un paraíso para emigrantes de otros países de lo que es hoy el primer mundo. Españoles, italianos, portugueses y  judíos llegaron “con una mano adelante y otra atrás” para nutrir nuestra cultura con la suya. La gran mayoría se dedicó a la agricultura o al comercio, e hicieron de Venezuela su casa. Montaron negocios, bodegas, abastos, panaderías, restaurantes e hicieron simbiosis con su nuevo país, un territorio acostumbrado al mestizaje y a recibir nuevas culturas desde tiempos de la colonia. Aunque algunos de los nuevos residentes nunca llegaron a abandonar su acento, criaron a sus hijos y nietos como venezolanos.

La magnitud de esa ola de inmigrantes fue tal que Venezuela posee la tercera colonia más numerosa de españoles después de Francia y Argentina; la tercera colonia más numerosa de italianos en Latinoamérica; y la más numerosa de portugueses después de Brasil. Si las cifras de Wikipedia son de creer, alrededor de 7 millones de venezolanos son descendientes de alguna de estas tres nacionalidades.  Casi un 25% de la población.

Por otra parte, muchos norteamericanos llegaron al país como empleados de las grandes petroleras que hacían vida en el Zulia y en Oriente. Aunque los americanos son menos apegados al territorio y más dados a moverse donde los lleve el empleo, más de uno se quedó. Pero más allá de su permanencia, el capital de esas empresas contribuyó al desarrollo de ciudades, la construcción de urbanizaciones y la importación de ideas y proyectos que fueron vitales para el desarrollo urbano, científico y tecnológico del país que comenzó con López Contreras y continuó hasta la primera etapa de la democracia.

Cabe destacar que cuando muchas de estas personas llegaron Venezuela no era un país desarrollado, sino un territorio con potencial y oportunidades. ¿Qué les brindaba que no tenían en su país? Respeto a sus derechos fundamentales, un entorno social favorable, y perspectivas económicas que prometían estabilidad, incluso más allá de las circunstancias políticas.

En la última mitad de los “cuarenta años” de democracia, el flujo migratorio cambió. Las circunstancias del mundo eran otras, la crisis de la postguerra en Europa fue quedando en el pasado, y aunque muchos de los emigrantes que habían llegado se quedaron en Venezuela, el Viejo Continente recuperó su encanto.

Durante el período de Pérez en los ’70, a pesar de generarse un gasto público elevado y mantener al país con un nivel de consumo por encima de sus posibilidades, Venezuela seguía estando a la vanguardia con respecto a sus pares en Latinoamérica. Empezamos entonces a convertirnos en un destino ideal para los nacionales de países hermanos cuyas crisis eran muy marcadas, especialmente Colombia.

Los venezolanos profesionales que tenían posibilidad de cursar estudios en el exterior, se iban uno o dos años y regresaban. Más allá de los venezolanos que por su talento y habilidades conseguían una excelente oportunidad laboral afuera, la tendencia siempre fue irse para regresar. Los hijos de esos inmigrantes que llegaron a mediados del siglo pasado se quedaban para continuar con el negocio de la familia. Algunos de ellos estudiaban una carrera, a otros no les hacía falta, pues la dedicación al trabajo le era suficiente.

Pero nuestra realidad empezó a alcanzarnos y la expansión que se había logrado a mediados de siglo no se pudo continuar. Los centros urbanos se saturaron y ya no podían brindar las mismas posibilidades ni a los nacionales ni a los nuevos emigrantes, que cada vez empezaban a gastar menos en nuestro país y a enviar más dinero a sus países de origen. El sentido de pertenencia se fue perdiendo en la medida en que las oportunidades desaparecían. Algunos comenzaron a retornar a la tierra que los vio nacer.

Llegaron los ’90 y con ello el fin del período de estabilidad democrática, enferma por los vicios de sus protagonistas y sepultada por el populismo. Nuestra crisis se hizo evidente para el mundo y allí se invirtió la tendencia.

Comentaba en un post anterior que el término “fuga de cerebros” no es justo para quienes se quedan en Venezuela, pero hasta el 2003-2004 la emigración de venezolanos de clases medias estaba reservada gente altamente preparada que veía en el exterior la posibilidad de continuar con su desarrollo profesional.  Lamentablemente no hay estadísticas oficiales de acceso público que permitan conocer con exactitud las cifras reales, pero basta con que cada quien revise su entorno y empiece a contar la cantidad de amigos, familiares y conocidos que se han ido del país en los últimos 10 años, y particularmente desde el 2012 en adelante.

Ya no sólo emigra el que busca oportunidades académicas o profesionales que se han vuelto escasas en el país, o por circunstancias particulares, sino que la realidad política, social y económica de Venezuela está llevando a las personas a revisar por completo su proyecto de vida, más allá de su profesión. Se habla de que alrededor de un millón quinientos mil venezolanos –la mayoría de ellos profesionales- se encuentra residiendo en el exterior, y esto va influenciado primordialmente porque esos mismos tres elementos que atraían a los emigrantes de otros países, se convirtieron en elementos de perturbación de la vida cotidiana del venezolano:

  • Respeto a los derechos fundamentales: Los europeos huían a la guerra que les trajo mortandad, enfermedad y escasez, mientras que muchos venezolanos nos vamos del país por la inseguridad -las cifras de emigración se han incrementado al mismo ritmo que las cifras de homicidios y secuestros- y la escasez de alimentos y medicamentos que aunque se consigan, hay que hacer largas colas para adquirirlos.
  • Entorno Social Favorable: Nadie puede negar que la sociedad, en general, se ha vuelto más agresiva, influenciada en buena parte por el entorno político. En la Venezuela del Siglo XX, más allá de los cambios de gobierno e incluso golpes de Estado en la época previa a la democracia, no había los niveles de conflictividad permanente de hoy en día. Aunado a lo anterior entrarían aquí otros elementos como la falta de reconocimiento y respeto a las minorías, la constante intervención del Estado en la esfera de derechos individuales y el estancamiento de la oferta académica a niveles medios y profesionales.
  • Perspectivas de Estabilidad Económica: El modelo económico actual no plantea alternativas atractivas para la clase media ni los profesionales. Venezuela tuvo una bonanza petrolera por alrededor de 12 años y no pudo desarrollar un modelo sostenible que controlara la inflación y potenciara la producción local. Entre controles de cambio, de precio y regulaciones, el poder adquisitivo se ha venido a menos, particularmente en los dos últimos años, y eso hace que quien antes tenía la perspectiva de ahorrar para comprar un apartamento, así fuese en las afueras de la ciudad, ahora no la tenga.

Repito lo mismo que ya mencioné en otro post, la decisión de emigrar es muy personal y cada quien debe buscar la manera de enfrentar las circunstancias de forma adecuada, sea quedándose (bien sea buscando un cambio, o simplemente sobreviviendo), o migrando, que de cualquier manera lo obliga a adaptarse a un nuevo entorno. Ningún camino es fácil ni cómodo, pero el país cambió por diversas razones y lo que era un paraíso hace apenas tres generaciones, hoy en día es un territorio hostil.

La esperanza está en que la tierra de origen de todos esos emigrantes que nutrieron a Venezuela, y en algún momento ese puede ser el caso para nuestra tierra. Y en ese momento va a hacer falta tanto el que se quedó y ayudó a generar el cambio, como el que se fue y puede aportar su experiencia en el exterior para contribuir con el desarrollo y crecimiento.

4 comentarios en “Venezuela: De tierra de oportunidades a puerto de salida”

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