Apología futura de una Dictadura del pasado

MPJ y Chavez

En la Venezuela del 2051 (tiempo suficiente para dejar atrás este gobierno, se instaure uno nuevo que restituya una democracia funcional y empiece un nuevo ciclo de crisis), habrán algunas voces diciendo “Aquí hace falta gobernantes como Chávez”; “Con el chavismo había inversión social, se preocupaban por el pueblo… sí, había corrupción, no había libertad de expresión, había inseguridad e inflación, pero por lo menos podíamos comprar en Mercal, habían misiones que repartían plata y todo el mundo podía comprarse un Smartphone”. Bueno, quizás no será una frase tan cínica, pero en esencia, les garantizo que para ese momento, el chavismo, incluso después de su sepultura como modelo, tendrá sus defensores.

Cuando eso pase, ya habrán sido destapadas todas las ollas, no será ningún secreto el nombre de los altos funcionarios involucrados en actos de corrupción y violación de los Derechos Humanos. Tendremos “los pelos del burro en la mano” para poder considerar el período actual de nuestra historia como una mancha negra.

Cuando eso pase, habremos apreciado nuevamente y durante varios años un régimen institucional y de libertades, con sus ventajas y sus desventajas.  Venezuela habrá de pasar por un período de recuperación, suficiente para que los jóvenes de hoy se olviden de los tiempos difíciles, los que se fueron comiencen a regresar, y nuestros hijos tengan a sus hijos en una Venezuela distinta.

Cuando eso pase, Venezuela habrá vivido una bonanza, pero atravesará por un período de crisis tras varios años de status quo en el que la sociedad se habrá acostumbrado a cierta calidad de vida. Esa crisis llegará por circunstancias exógenas o endógenas, que pueden involucrar corrupción, sustitución del petróleo por fuentes alternas de energía o fuga masiva de cerebros a la colonia humana en Marte (en donde buscarán jóvenes de todas las profesiones, menos abogados).

Cuando eso pase, Venezuela se olvidará de las dificultades que tuvo que atravesar desde finales del Siglo XX hasta la década del 2020, para extraer con pinzas algún recuerdo que le haga pensar que el pasado fue mejor.

Aparecerán los videos del Fitven grabados por Daniella Cabello, que serán compartidos en el equivalente futurístico de Facebook,  para recrear una Venezuela próspera en donde las metas personales se alcanzan y los sueños se cumplen; Venezuela que nunca existió pero que dejará en el subconsciente de quienes lo vean la ilusión de un pasado mejor que la futura crisis del 2051. Y recibirá más likes de los que recibe hoy en día.

Circularán las compilaciones de Aló Presidente y muchos comentarán sobre el maravilloso modelo de gobierno de calle del Comandante Chavez. Se reunía con el pueblo, conversaba con ellos, atendía sus problemas. Sin duda un ejemplo del liderazgo del cual carecerán los gobernantes –y quizás los opositores- de la VI República, culpables de que el país esté como estará en el 2051.

Utilizarán al nieto de Despegar.com para buscar pasajes y se enojarán de ver los exorbitantes precios del tour de fin de semana alrededor de la luna, que resultará impagable para cualquier venezolano que perciba su sueldo en neobolívares (moneda vigente tras la eliminación de seis ceros al bolívar fuerte en el 2026), y se encontrarán en alguna hemeroteca digital artículos de aporrea.org elogiando el fabuloso control de cambio implementado por el gobierno revolucionario, que permitía acceso a las divisas a bajo costo a través de un sencillo proceso de solicitud.

Los adolescentes de la época habrán escuchado más de una vez los cuentos de las vacaciones de sus papás o abuelos (opositores al gobierno de Chávez) a Miami, a España, a Uruguay, a Panamá, y los tres años seguidos en que se fueron a Perú a pasar el fin de semana. Pensarán sin duda que eso del control de cambios no podía ser tan malo, ¿no?

Algún tío, ese que nunca pudo terminar la carrera pero que hizo un realero durante el chavismo, les contará de cómo empezó sin un centavo y gracias a los “cupos cadivi” pudo montar su importadora, luego la compañía en Florida y de ahí su incursión en el sector inmobiliario en Doral y en Panamá. El tío –también un antiguo opositor de Chávez-, les hablará con añoranza a sus sobrinos de aquellos tiempos en que hasta una Hummer se pudo comprar en Caracas. “El gobierno jodía al que salía a protestar, pero por lo menos dejaba a la gente hacer real”.

¿Y cómo sabemos desde el 2015 que todo esto va a pasar en el futuro? Porque ya lo estamos haciendo hoy en día con nuestros gobernantes del pasado.

Aparentemente, ser un dictador no es tan malo cuando se habla de Pérez Jiménez. Es más, decidimos llamarlo “estadista”, para distinguirlo de los Gómez, Perón, Trujillo o Noriega. Entre hechos, medias verdades y mitos, se ha dejado de hablar de la represión y la restricción de libertades que vivió el país durante su gobierno militarista para destacar únicamente los resultados económicos y algunas obras de infraestructura. Hijos y nietos de personas que vivieron y  hasta se opusieron al régimen de MPJ, hoy ven con añoranza un líder de características similares. En 1998, muchos venezolanos votaron por lo que creían ser un líder de características similares.

Y esa misma memoria corta nos ha permitido también reivindicar los gobiernos más desatinados de los cuarenta años. El Pérez de los ’70 -cuyas políticas macroeconómicas fueron un desastre previsible- fue un héroe de las masas, mientras que el de los ’90 -que tomó medidas para corregir el desastre que él mismo había empezado-, fue un villano condenado por sus seguidores y su propio partido. Antes del segundo período de Pérez, tuvimos al Presidente más corrupto durante el período de democracia, que a su vez fue el que salió con la más alta popularidad.

Por alguna razón, en la memoria colectiva esos “líderes” se ganan un puesto en el Olimpo que no se merecen y nos conducen a repetir los mismos errores una y otra vez. Somos un país que no dejó gobernar a Rómulo Gallegos; que pudo haber tenido a un Uslar Pietri como Presidente. Que cuando le tocó escoger entre un militar y un gobernador con una gestión gerencial exitosa, se fue por el militar.

Quizás no podremos evitar la crisis del 2051, las bonanzas y las crisis son influenciadas por muchos elementos que escapan del control de una sociedad. Pero podemos hacer un esfuerzo para no distorsionar la historia y no dejar que la ilusión de un pasado que nunca existió se inserte en la memoria colectiva. Llamemos a las cosas por su nombre, no dejemos que se repitan los errores. No hagamos apología de la dictadura.

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