12 pequeñas victorias en la vida de un emigrante

Los emigrantes –en especial los que tenemos poco tiempo fuera– rara vez llevamos una vida de ricos y famosos, y aunque algunos pueden llegar a serlo hay que estar conscientes de que no son la mayoría. Por eso empezamos a encontrar satisfacción en las pequeñas cosas, que nos distraen y nos preparan mientras va llegando lo demás. Aquí algunas de ellas:

  1. Aprender a cocinar cualquier comida más allá de sándwiches y congelados.

Pasta con Salsa Blanca - Con Papitas y Refresco

Pocos veinteañeros emigran con habilidades culinarias avanzadas. La mayoría de nosotros llegamos con un básico de supervivencia que involucra una dieta alta en carbohidratos y comidas fuera de casa. No hay que llegar a nivel de Master Chef, pero aprender a preparar comida casera es una victoria para la salud y para el bolsillo. Cuando tu presupuesto es limitado, te comes cuantos arroces quemados (y recalentados) sea necesario con tal de no gastar más, y por eso es un epic win cada vez que se alinean los planetas y preparas una cosa comestible.

Nota: Háganme caso cuando les digo que se lleven el libro de Scanonne.

  1. Lavar la ropa y que las medias estén completas al salir de la lavadora

Ecuación Medias Lavadora - Con Papitas y Refresco

No he podido encontrarle la explicación lógica. No sé cómo, no sé por qué, pero pasa. Uno mete un número par de medias en la lavadora, y vuelven en números impares. No están en la ropa sucia, no están en la lavadora ni en el tendedero. Es un fenómeno similar al relámpago del Catatumbo, sabemos que existe una explicación científica pero igual no terminamos de entenderlo. Por eso hay que sentirse victorioso cada vez que terminas el ciclo con un número par de medias en la gaveta. Que se pierdan dos no importa, pero pana, siempre salen números impares.

  1. Pagar con monedas. Y que te den vuelto.

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Los venezolanos que nacimos del ‘85 para acá no estamos acostumbrados a usar monedas. Las usamos por un breve período cuando lanzaron el bolívar fuerte, pero lo cierto es que la gran mayoría de las veces sólo servían para pagar estacionamiento o gasolina y ni te molestabas en esperar un vuelto. Todavía existe una gaveta llena de monedas en mi casa de las cuales nunca me pude librar, y mi madre puede dar fe de ello. El que vive afuera sabe que encontrarse en un bolsillo cuatro quarters, un euro o una libra te puede resolver una comida, y si sabes dónde gastarlo hasta llegas con vuelto.

  1. Estar sin plan de datos y conseguirte un Starbucks.

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Vas caminando por el centro de Londres y vas tarde para tu entrevista de trabajo en el 221b de Baker Street. Tu punto de referencia de toda la vida, el Ávila, no aparece por ningún lado. No tienes señal de datos porque compraste un chip Lebara y se te consumieron los megas como por arte de magia en 3 días, por lo cual no te funciona Google Maps. De repente ahí está la salvación, al cruzar la calle. Un Starbucks y su ilimitado Wi-fi que descaradamente te chuleas para poder ubicarte. 

  1. Que tu salario mensual te dure 30 días.

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Ya en Venezuela uno tenía problemas administrándose con un 15 y 30. Imagínense como es en los países donde sólo recibes un pago al mes. Sí, es un “realero” de golpe, pero nuestras habilidades de administrar el presupuesto son inversamente proporcionales a la cantidad que hay en la cuenta. La primera semana te crees Messi y te vas a comer paella de langosta en la Barceloneta, y las otras tres las pasas preparando arroz blanco y ligando que no se te queme.

  1. Que los carros se paren para darte paso en el rayado.

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Tengo sentimientos encontrados con el sentido de civismo que tienen los conductores en el primer mundo que se paran en el rayado. Por un lado no deja de sorprender el respeto al peatón, pero por el otro le quita emoción a la vida. Pasar el cruce de Chacaíto frente a Misia Jacinta era un deporte extremo que me llenaba de adrenalina cada mañana. Pero en fin, llamémoslo una victoria para el civismo.

  1. Sobrevivir al invierno. Sobrevivir al verano.

Los días más felices en un país con cuatro temporadas, son el día en que guardas el abrigo y el día en que te puedes volver a poner camisas de manga larga sin perder el 30% de tu masa corporal. Uno se vuelve medio bipolar, pasas cinco meses quejándote del frío, cinco meses quejándote del calor y los otros dos preocupándote por el cambio de temporada.

  1. Comprar un celular con contrato y no sentirte estafado.

Lo más cercano a venderle el alma al diablo es comprar un celular con contrato. Generalmente obligan a quedarte 2 años de permanencia, cosa que no sería tan grave si leyeras el contrato si la tarifa no tuviera costos ocultos de los que no encuentras escapatoria. Sin embargo a veces, sólo a veces, le ganas al sistema y sales con un buen celular a un precio accesible.

  1. Contratar un servicio por teléfono cuando estás llegando a un país con otro idioma.

Averiguas todo lo que puedes sobre el servicio en la página de internet del proveedor. Te imaginas la conversación en tu cabeza. La traduces con Google Translate. Tratas de predecir cada escenario posible, esperando que sea una contestadora automática la que te atienda. Tienes anotado en un cuaderno un guión que haría match perfecto con el que tiene la compañía del otro lado. Haces la llamada, te atiende una máquina: Primera victoria. Luego te dicen que tu solicitud no puede ser procesada porque hay un error con tu tarjeta de crédito y tienes que comunicarte con un operador. Te atiende Allan, de Missisipi y balbuceas hasta que Allan se da cuenta de que eres latino y empieza a hablarte español. Felicidades, después de ese arduo proceso, tienes cable.

Nota: puedes conseguir un resultado igual de satisfactorio suscribiéndote a Netflix.

  1. Vivir en un piso con secadora (Sólo en Europa).

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Nacimos en donde un país en donde lo normal es que en una casa haya lavadora y secadora. En Europa no es así. A pesar de los argumentos de ahorro energético, no me convence la idea de tender ropa y confiar en el clima para que se seque. Esto es como que teniendo la tecnología de las computadoras al alcance, te pidan que uses una máquina de escribir. Después de que vives en distintos apartamentos o habitaciones, cuando llegas a uno que finalmente tiene secadora, te sientes Gregor Blanco después del home run al Kid Rodríguez.

  1. Vivir en un flat con una llave que combine agua fría y caliente (Sólo en UK)

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Esto rompe la lógica tanto como lo de las medias en la lavadora. En el Reino Unido lo habitual es que haya dos grifos, uno de agua helada que viene directo del Polo Norte, y otra de agua hirviendo que viene desde la quinta paila del infierno en conexión directa. Si tienes la dicha de vivir en un flat que combine ambos grifos y puedas usar el agua a una temperatura decente no tienes más nada que pedir, le ganaste a la vida.

  1. Pasar inmigración (Principalmente en Norteamérica)

USA Flag - Con Papitas y Refresco

Pocas experiencias generan tanto estrés. Uno viaja con la carpeta organizada con todos los papeles que te pueden pedir, la constancia de tu último trabajo, el organigrama con el árbol genealógico, los diplomas de buena conducta del colegio, la foto de la primera comunión y 17 referencias personales, profesionales y bancarias. Te preparas como si fueras a una entrevista de trabajo, viajas con tu mejor ropa (porque tu mamá te enseñó que no puedes viajar como un zarrapastroso) y te plantas a contestar todas y cada una de las preguntas del oficial de mirada inquisitoria y cara de póker. Pasan los segundos de silencio incómodo en que no sabes si está llamando a Jack Bauer o registrando tu ingreso. En tu cabeza te imaginas los peores escenarios, en donde te confunden con un narco-terrorista, pirómano y pedófilo que tiene el mismo apellido que tú. Hasta que finalmente escuchas el “clack” sobre el del pasaporte y te sueltan las palabras mágicas que alivian esfínteres  generan esperanza: Welcome to the United States of America.

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7 comentarios en “12 pequeñas victorias en la vida de un emigrante”

  1. Al principio cuando llegué a Tenerife, y necesitaba tomar la guagua. Llegaba gustamente cuando estaba saliendo la que necesitaba… cual venezolana, desde la cera de enfrente, le sacaba la mano al conductor o “chofer” como le dicen aquí, y nada…. no se paraba… tan chévere que resulta en Venezuela la Travesía de parar una camionética….

  2. Hermano me sentí demasiado identificado con tu artículo, cuando llegue a Aix-en-Provence Francia cuando tenia sed iba al grifo y me tomaba el vaso de agua más sabroso de mi historia, y ni hablar de las monedas, todavía me cuesta usarlas, la mejor victoria es poder caminar de noche y sentirte seguro, un saludo mi pana!

  3. Una “gran” pequeña victoria me paso apenas la semana pasada… estoy en EEUU: salí a la una de la tarde con el carro al banco, pagar el agua y el servicio de basura, pase al supermercado y llegue a casa a las 3 pm. A las 3:30 me percate que se me quedaron dos bolsas (una con la carne) en el super… me devolvi… y el chico de la caja me indico que mis bolsas estaban en la hielera. Tan bello! Me duele pensar que en Venezuela las diligencias hubiesen sido imposible de hacer en un solo dia… mucho menos en 2 horas y la comida… forget it!

    1. He visto esas cosas y cuesta creerlo, en Inglaterra llegué a ver unos audífonos en una silla del metro. Pasaron 10 minutos y nadie los tomaba, incluso una persona los movió de la silla para sentarse y los dejó allí, en el mismo sitio. Ver el respeto que tienen otras sociedades por lo ajeno ayuda mucho a comprender desde la raíz uno de nuestros más serios problemas. Saludos y gracias por comentar!!

  4. estoy terminando todo el proceso para, eso espero, recibir la residencia americana la próxima semana, me tiemblan las piernas nada mas de pensarlo, el simple echo de haber pasado la prueba medica con el Dr. Paul, para la cual hay que llegar preparado y tener entrenamiento familiar tipo español postguerra, es toda una victoria!!… espero que su informe sea positivo y pueda disfrutar después de eso que ustedes cuentan son sus victorias…. nos vemos pronto en el primer mundo con el favor de Dios!!

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