Archivo de la categoría: MLB

La Sabermetría y los mitos que la rodean

Haciéndo simple la Sabermétrica

A raíz del caso de Josh Satin (su pobre bateo y su excelente porcentaje de embasado) se planteó un debate sobre la sabermetría. Los detractores, tanto periodistas como fanáticos, han tomado el caso como su bandera y colocan a la sabermetría al lado de la cienciología, la medicina sistémica y Harold Camping.

Aclaro que no soy un experto en sabermetría, soy un simple mortal que disfruta el béisbol y las estadísticas. De hecho todavía leo artículos de algunos cronistas que manejan el tema y cada vez me consigo con una estadística sabermétrica nueva que no conozco. Algunas me parecen útiles, otras no tanto. A continuación, desde mi humilde perspectiva, algunos aspectos que debe saber cualquier persona que guste del béisbol sobre sabermetría:

  1. El análisis de estadísticas no es nuevo en el béisbol. Hoy podremos estar acostumbrados a ver un box score y revisar el average de un bateador y el promedio de carreras limpias de un lanzador, pero esas estadísticas no siempre estuvieron allí. El béisbol como lo conocemos hoy en día comenzó a practicarse en New York, hacia 1842. Seguir leyendo La Sabermetría y los mitos que la rodean
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Caracas es Caracas, y lo demás…

Caracas BBC

Los fanáticos de los Leones del Caracas que conocemos la historia, siempre supimos que el Cervecería Caracas era el predecesor de los Leones, que Pablo Morales y Oscar Prieto Párraga adquirieron la franquicia en 1952, le cambiaron el nombre y rápidamente se convirtieron en el equipo más ganador de la Liga. En el legado que dejó el Cervecería quedaron tres títulos de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, que algunas veces contábamos en el palmarés como un plus a la ya excelsa vitrina del equipo.

No obstante, esos tres títulos no eran considerados como parte de los logros de los Leones del Caracas, y quedaban entonces como Venezuela con el Esequibo. Los contábamos, sabíamos que estaban allí, que eran del equipo, pero no formaba parte de los títulos oficiales.

Eso cambió el día de ayer, cuando fueron revelados los resultados de una investigación legal realizada por el historiador Javier González (@javiergon56), demostró oficialmente lo que ya todos sabíamos: Cervecería Caracas es la misma franquicia que Leones del Caracas. Seguir leyendo Caracas es Caracas, y lo demás…

Los Rays y su guión de película

Imagen de Brian Blanco/European Pressphoto Agency

El cierre de temporada de la MLB parece sacado de un guión escrito por Stephen King (Fanático empedernido de los Red Sox, para más ironía). La noche del 28 de septiembre de 2011 debe ser recordado como una de las más memorables del béisbol, pues sin importar a qué equipo se apoya, vivimos uno de esos momentos en donde pasa lo impensable y el béisbol recompensa al que lo merece. Algunos lo pueden llamar un milagro, otros dirán que se alinearon los planetas y otros pensarán que se conjugaron todos los elementos para que dos equipos que hace un mes parecían eliminados, clasificaran de la manera más dramática posible.

Fue una jornada de lecciones para los equipos que parecían tener su cupo garantizado; una de esas historias en las que David vence a Goliat. Los Rays de Tampa Bay, el equipo con la segunda nómina más baja de las Grandes Ligas, se las ingenió para clasificar a la postemporada por encima de los poderosos Red Sox y su nómina de 161 millones de dólares, tercera más alta de las mayores. Por su parte, los Cardenales de San Luis, que nadie los daba como protagonistas empezando el mes de septiembre, dieron cuenta de unos Bravos de Atlanta que sufrieron un descalabro similar al de Boston.

Por momentos como los de anoche es que un fanático se enamora del béisbol, independientemente del equipo al que apoye, porque la hazaña trasciende la afición. Seguir leyendo Los Rays y su guión de película

Desmontando el caso de Verlander para MVP

¿Merece realmente Verlander ganar el MVP?

Hace unos días publiqué un artículo que a su manera era un preámbulo de lo que ha sido el debate de la elección del MVP en la Liga Americana, y con este tema se pueden poner en práctica: ¿Debe Justin Verlander ganar el MVP?

Los criterios de votación de la BBWAA para el MVP son los siguientes:

  1. Valor real del jugador para el equipo.
  2. Número de partidos jugados.
  3. Carácter en general, disposición, lealtad y esfuerzo

La BBWAA ha precisado que los pitchers son elegibles, por lo cual no deben quedar descartados por su condición. Teniendo en cuenta estos tres criterios, se puede hacer un análisis de lo que ha sido la temporada de Verlander y en base a eso concluir si su temporada es digna o no de un MVP.

1.       Valor real del jugador para el equipo:

Verlander tiene a la fecha de hoy, 2.29 de efectividad en 33 partidos, con un WHIP extraordinario de 0.91 y un total de 244 abanicados en igual número de entradas. Seguir leyendo Desmontando el caso de Verlander para MVP

¿Cómo elegir a un MVP en la MLB?

Josh Hamilton, AL MVP 2010

Este año el debate sobre los potenciales ganadores al Most Valuable Player o Jugador más Valioso comenzó antes de lo acostumbrado, quizás por el hecho de que a diferencia de temporadas anteriores, existen varios candidatos muy distintos entre sí y con argumentos para ser considerados, tanto en la Liga Americana como en la Liga Nacional.

El tema de la elección es un eterno debate, pues difícilmente ocurre que todos los votantes de la Baseball Writers Association of America (BBWAA) -mucho menos los fanáticos- coinciden en cuál es el pelotero que merece el galardón. Desde 1931, año en que la BBWAA comenzó a hacer entrega del MVP, sólo en un 10.6% de las ocasiones (17 de 160 premios) el ganador ha sido elegido por unanimidad.

Uno de los eternos dilemas a la hora de escoger al MVP es cuál debe ser el criterio a tomar en cuenta. Algunos consideran que debe ser el jugador que más colaboró con su equipo para clasificar a la postemporada; otros que debe ser el mejor bateador (contraponiendo el MVP al Cy Young, premio que se otorga al mejor lanzador); y otros tantos que debe ser al jugador más productivo, por nombrar tres de las tendencias más comunes. Dependiendo de cuál de esas premisas se defiende, el resultado puede ser totalmente distinto.

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El mejor fanático

El ser humano suele ser inconforme por naturaleza. Desde el mismo momento en que obtenemos algo que queremos, inmediatamente nuestra mente empieza a pensar en nuestro siguiente objetivo. El deporte refleja esa inconformidad en una manera exponencial, y parece ser un área en donde hemos decidido dejar por fuera cualquier parámetro de racionalidad y cordura; un área donde aquel que se atreve a usar la razón por encima de la pasión es acusado de conformista, mal fanático y que puede llegar a ser considerado por los demás miembros de su especie como un judas o un ser despreciable que no “siente” al equipo.

Cada año, cada temporada, uno va sacando un aprendizaje; en mi caso, me he dado cuenta que es difícil complacer a todo el mundo. He sido abonado en el estadio en varias ocasiones, en otras no me provoca ni prender el radio para escuchar los partidos. He sido el que madruga escuchando y leyendo reseñas; he sido el que idolatra a su equipo haciendo páginas web; he sido activista (Gracias por ayudarme a añadir eso al CV, Carlos Hernández), he sido manifestante civilizado (ASOFANC+), he escrito en cuanto foro de béisbol hay y he dejado de hacerlo, todo en distintas etapas y ciclos. Eso sí, jamás he dejado de apoyar a mi equipo. He vivido mi fanatismo de distintas maneras, pero siempre lo he sentido, y he acompañado a mi equipo en las buenas y en las malas.

Lo cierto es que en cada una de esas etapas, siempre ha existido gente que piensa que uno no es buen fanático. Si eres abonado pero te vas un día que tu equipo está perdiendo en el 7mo. Inning, eres un mal perdedor. Si no escuchaste el juego porque ese día te provocó ver un capítulo de Lost, no quieres al equipo. Si protestas con gritos, eres un salvaje falta de respeto. Si protestas con cartas, eres un cobarde que no se atreve a hacer “lo que sea necesario”. Si criticas a un jugador, no apoyas al equipo. Si no lo criticas, eres un tarado al que no le duele la camisa. Si escribes en los foros, eres insoportable y te lo tomas demasiado en serio. Si no lo haces, es porque no quieres al equipo sino cuando gana. Si te pones la camisa del equipo cuando pierden, te consigues al que te dice jalabolas. Si no lo haces, te consigues al que te dice que te avergüenza el equipo. Si no escribes y comentas en Tweeter cada victoria y cada derrota, eres un fiasco.

En fin, existen muchos accesorios que rodean al sentir de un fanático y que tocan lo irracional. Ni ponerte una camisa te hace mejor fanático, ni gritar más duro te hace mejor fanático, ni pegarte al radio te hace mejor fanático, ni ser el que más chalequea a los demás te hace mejor fanático, ni ser el que más insulta a los jugadores te hace el mejor fanático, ni tampoco lo hace el que más los defiende.

Quitemos todos los accesorios y vamos al fondo: ¿Qué hace que una persona sea un fanático de verdad?

A mi juicio, lo único que hace que una persona sea un verdadero fanático es su lealtad al equipo; lealtad que sólo puede ser tal cuando se interpreta racionalmente. Una persona que tras una semana de temporada está pidiendo la cabeza del cuerpo técnico del equipo que apoya porque han tenido un mal arranque el año después de quedar campeón, no está siendo leal con su equipo, porque al no haber una muestra suficientemente sólida para evaluar al equipo, no es racional actuar así. Tampoco lo es aquel que se queda indiferente, celebrando los buenos momentos e ignorando los malos. Mucho menos leal puede ser el que en una mala temporada se dedica a apoyar a otros equipos. El que es verdaderamente leal siempre está ahí; a lo mejor no es el que hace más bulla, el que grita más duro, ni tampoco el que compra más cosas con el logo del equipo, pero es aquel con el que el equipo cuenta en las buenas y en las malas. El que es consecuente y sabe que un equipo puede tener buenos y malos momentos, pero lo sigue apoyando de acuerdo a lo que le exige cada situación.

En fin, hay muchas formas de interpretar el fanatismo, pero creo que sólo con racionalidad podremos valorar el fondo y no quedarnos en lo accesorio y en los adornos.

L4E

Grandes Ligas vs. Béisbol Invernal

Hace unos veinte o veinticinco años, que un jugador venezolano actuase en las Grandes Ligas era la excepción y un equipo se daba el lujo de contar con todas sus estrellas desde el primer mes de temporada, hasta el último partido de la Serie del Caribe, en caso de que su equipo clasificara.

Progresivamente y cual espada de Damocles, el crecimiento y el desarrollo de nuestra Liga, las expansiones  tanto locales como las dos expansiones de las Grandes Ligas en 1993 y 1998, y la posibilidad de captar talentos en Latinoamérica a un costo inferior al de formar jugadores a través del tradicional draft de jugadores norteamericanos, fueron actuando en favor de la calidad de nuestro béisbol, pero en detrimento de la presencia de muchas estrellas hasta la etapa final del campeonato o por apariciones sumamente restringidas.

Pasaron los años y surgieron las restricciones, el Winter Agreement, la Cláusula de Fatiga Extrema y las migrañas de Franklin Gutiérrez. Los jugadores que decidieron aventurarse en el béisbol asiático, sufrieron restricciones aún mayores. Con ello surgieron casi en paralelo las figuras de refuerzos y substitutos, (tema que a mi parecer, no aporta nada hoy por hoy, pero que dejaré para otro post).

Lo cierto es que hoy por hoy, las estrellas no suelen jugar en el béisbol venezolano; los que lo hacen, no vienen desde el primer día, tampoco se quedan para la Serie del Caribe, y últimamente tampoco juegan siquiera la final.

1. ¿Es el béisbol venezolano presa de su propio éxito?

Hace unos años, los jugadores podían pasar tres, cuatro o cinco temporadas como titular en su equipo en Venezuela, antes de ser llamado al equipo grande. Luego, podían pasar un par de años más antes de que se estableciese, y una vez el jugador alcanzaba su breakout season es que su participación en el béisbol venezolano se ponía en riesgo.

Hoy en día los prospectos de 17 o 18 años que aún no han debutado siquiera, son como jarrones de porcelana y las restricciones de turnos al bate, lanzamientos y apariciones están a la orden del día, al punto en que no es extraño que un lanzador que no ha debutado aún en el país, ya tenga prohibido lanzar en Venezuela. Casos como el de Jhoulys Chacín, prospecto de los Rockies de Colorado y Leones del Caracas, que jugó la temporada pasada apenas un par de meses y bajo un estricto control de lanzamientos por juego y entradas totales, son cada día más comunes. También son comunes casos como el de Félix Hernández, que desde su debut en las Mayores no ha pisado el Antonio Herrera Gutiérrez sino de visita, donde sus Cardenales de Lara son locales. Más paradójico  es el caso de Dioner Navarro, eterno prospecto de los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Los Ángeles y ficha de los Leones del Caracas, catalogado el próximo Iván Rodríguez desde el 2001; que se inició en las granjas de los Yankees de Nueva York -equipo con el que jugó 5 partidos en el 2004- y que no tomó su primer turno en Venezuela sino hasta el 2006, cuando ya había sido cambiado a los Tiburones de La Guaira y a los Rays de Tampa.

Como éstos ha habido muchos casos y los equipos de la Liga han tenido que aprender a convivir con las restricciones y a no depender de sus grandeligas. El primer equipo que tuvo que modificar sus esquemas fue el Caracas, tras tres eliminaciones en fila a principios de siglo en una época en donde dependía exclusivamente de sus grandes jugadores; mientras que otros como los Tigres de Aragua, de la mano de una gerencia efectiva aprovechó la coyuntura para construir un equipo que combinase el suficiente talento de grandeliga con jugadores rendidores del día a día.

2. ¿El acoso de los equipos de Grandes Ligas no permite que los jugadores vengan a su país?

A finales de los años 90, los equipos ponían restricciones y prohibiciones a los jugadores de manera discrecional. Era sabido que equipos como los Yankees o los Dodgers eran muy cerrados en sus políticas a la hora de permitir que sus jugadores participasen en el béisbol invernal.

Surgió el Winter Agreement y la Cláusula de Fatiga extrema, cuyo propósito era regular esas restricciones y prohibiciones para limitar la potestad discrecional de los equipos y establecer parámetros objetivos. Los acuerdos hasta ahora han mantenido la balanza inclinada a favor de las franquicias de Grandes Ligas, siendo poco el beneficio obtenido para los conjuntos locales.

No obstante, aquí es importante tener en cuenta que a pesar de todas las restricciones, prohibiciones y demás órdenes de la franquicia, una cosa que no se dice es que quienes suelen tener la última palabra son los propios jugadores, siempre y cuando estén sanos.

Casos como los de Miguel Tejada, Bob Abreu (hasta el 2005), Miguel Cabrera y Francisco Rodríguez, demuestran que es posible jugar béisbol invernal aun cuando los equipos de Grandes Ligas no están muy entusiasmados con la idea.

¿Qué ocurre entonces? Pues muchos jugadores, cuando adquieren cierto estatus en Grandes Ligas, prefieren dedicar los meses de invierno a descansar, estar con su familia u atender sus intereses, y la restricción de jugar en Venezuela les cae como anillo al dedo.

Entonces, los equipos de Grandes Ligas ponen sus condiciones, pero los hechos demuestran que no son absolutas y que en muchas ocasiones son negociables, como casi todo en el país del Tío Sam.

3. ¿Los jugadores le dan la espalda al país que lo vio nacer y el béisbol en el cual se formaron?

El que lea la respuesta anterior pensará que sí, pero esto tampoco es un absoluto. Hay que estar claros en que los jugadores son seres humanos, y tienen derecho a tomar la decisión que consideren más conveniente para su futuro en lo personal y profesional. Para algunos, ganar un campeonato en Venezuela puede ser importante, pero para otros no lo es y nunca lo fue.

Jugadores como Dioner Navarro no pueden ni tienen por qué sentir un arraigo hacia un equipo en Venezuela, pues su futuro, su carrera se la está jugando en las Grandes Ligas y así ha sido desde el comienzo. Los tiempos en donde un jugador debutaba en Venezuela y surgía gracias al éxito en la liga local terminaron. Muchos fanáticos nos quejamos de los jugadores que se van y no vuelven, pero no nos ponemos en sus zapatos.

En fin, como todo en la vida hay que tomar en cuenta muchos factores y no ser extremista al momento de condenar a equipos o jugadores. Lo importante es que en el futuro la Confederación del Caribe logre verdaderamente nivelar la balanza entre los intereses de los equipos de grandeliga y el béisbol invernal, teniendo en cuenta que a la final son los propios jugadores quienes tendrán la palabra para decidir qué hacer.

L4E

La discrecionalidad opaca al béisbol.

La discrecionalidad siempre trae como consecuencia  injusticias, y en el deporte no es la excepción.
Este 7 de enero de 2010 se presentaron tres eventos que muchas personas consideraron como injustos. En los tres, los expertos votaron y decidieron quiénes merecen ser inmortalizados y quiénes no en el mundo del béisbol.
Hablo de la no inclusión al Salón de la Fama de Roberto Alomar, quién teniendo los méritos para ser inmortalizado en su primer año como elegible, fue dejado por fuera porque algunos periodistas de la Baseball Writers Association of America (BBWAA) consideraron que no era momento de premiarlo con la inducción a Cooperstown.
También me refiero al ínfimo apoyo que recibió Andrés Galarraga en su primera y sorpresivamente última oportunidad para ingresar al Salón de la Fama por la elección de los periodistas. Desde el momento del retiro de Galarraga, he afirmado que no posee números ni las credenciales objetivamente hablando para ingresar a Cooperstown, pero confieso que me sorprendió que ni siquiera recibiera la oportunidad de mantenerse al menos un par de años en las boletas.
Por último una situación que no generó tanta alarma, pero que también evidencia una distorsión entre los méritos deportivos y el reconocimiento que se le da a sus protagonistas; para la votación al premio al Mánager del Año en la LVBP, que merecidamente se le entregó a Carlos García, no se tomó en cuenta a Dave Hudgens, cuyo equipo dejó exactamente el mismo registro que el de García y terminó primero en la tabla.
Voy a dejar que los expertos en la materia hagan los cálculos y den las explicaciones de los dos primeros casos, pero este último me resulta tan llamativo y con tantas contradicciones que creo que vale la pena hacer un análisis que no mucha gente va a tomarse la molestia de hacer.
Tomando en cuenta que el Magallanes de Carlos García viene de haber quedado eliminado el año pasado y que en el papel no tenía un equipo tan competitivo como los Leones de Hudgens, es evidente que en igualdad de condiciones, el premio fuese para el criollo. Sin embargo, es totalmente inexplicable que el manager del equipo capitalino no haya recibido siquiera un solo voto; más aún cuando entre Carlos Subero (cuyo equipo clasificó con récord negativo) y Luis Dorante (que luego de un buen inicio, clasificó con susto en las últimas jornadas), fueron tomados en cuenta.
Puedo entender qué tenían en mente aquellos que votaron por Carlos García, pero no le veo lógica a la decisión de aquellos que ignoraron a dos managers cuyos equipos ganaron 41 partidos. O ganaba García por unanimidad, o era un duelo entre García y Hudgens, pero otra alternativa es ignorar los parámetros objetivos y guiarse por subjetividades y sentimentalismo.
Por supuesto que todos apreciamos a Carlos Subero y sabemos que es excelente manager y que más temprano que tarde lo veremos dirigiendo en las Grandes Ligas. Ahora, ¿se puede considerar que hizo un trabajo sobresaliente al clasificar a La Guaira habiendo pasado la mayor parte de la temporada con récord escasamente sobre .500? ¿Acaso los Tiburones tenían un equipo tan inferior a Cardenales, Tigres y Caribes como para pensar que es toda una hazaña que culminase en el cuarto puesto?
Por otro lado, muy seguramente si Frank Kremblas hubiese estado al mando del Caracas, algún periodista le habría dado su voto por el hecho de conseguir 40+ victorias en dos temporadas consecutivas (Como si eso importase en la elección de manager del año).
En fin, esas contradicciones y discrecionalidades por parte de los electores, que tienen en sus manos la decisión de reconocer el trabajo realizado por los protagonistas del béisbol, genera distorsiones y hace que los premios pierdan credibilidad. Es por ello que cada elección debería realizarse en base a parámetros objetivo y técnicos, cuya motivación sea algo más sólido que la simple y pura percepción de los votantes. Por supuesto que siempre van a existir desacuerdos sobre cuáles son los parámetros que deben ponderarse, pero al menos será una discusión más técnica y argumentada y no una cuestión de caprichos o percepciones por parte de una persona.
Por lo pronto, Alomar se estará preguntando por qué ser el mejor segunda base en la historia del béisbol no le bastó para ser elegido al Salón de la Fama en su primera oportunidad; Galarraga se estará preguntando si de no haber sido por el cáncer, habría tenido alguna oportunidad de sobrevivir el corte y seguir apareciendo en las boletas; y Dave Hudgens, quien ganó 41 partidos y tuvo uno de los mejores arranques de temporada en el béisbol venezolano, se tiene que estar preguntando qué hicieron Subero y Dorante para opacar su actuación.
L4E

Aún se puede mejorar más.

En la primera edición del Clásico Mundial de Béisbol (CMB), Venezuela cayó eliminada en la segunda ronda, tras caer derrotada ante Cuba y República Dominicana. Este año, la Vinotinto ha mostrado un evidente progreso en relación a lo que fue el torneo del 2006, llegando hasta la semifinal, ronda en la que cayó víctima de un equipo coreano que sólo se puede describir como “implacable”.

 Ahora, ¿debemos conformarnos con un “honroso” tercer lugar? ¿Dos victorias ante Estados Unidos y una contra Puerto Rico nos convierten en el país con mejor béisbol en el mundo occidental? Yo pienso que no; Venezuela tiene el talento para llegar más lejos, pero la falta de preparación, de disciplina y de compromiso con el equipo, terminaron pasando factura.

Tomando en cuenta las circunstancias, el ambiente que se había creado por las declaraciones de Magglio Ordoñez, Carlos Guillén y Miguel Cabrera hace un año, las irregularidades del Comité Organizador, la selección de Luis Sojo como manager y las ausencias de los mejores lanzadores venezolanos, el equipo tuvo una buena actuación. No obstante creo que debemos ser críticos si queremos ser aspirantes al título en el futuro, porque aún con todo lo anterior, las cosas pudieron haber salido mejor.

 Evidentemente Luis Sojo y sus dirigidos han tenido tres años para aprender de lo que fue la primera experiencia, y eso se ha visto en el campo. A excepción del último partido, se vio jugar a un equipo con mucha química y divirtiéndose. Sin embargo también vimos un equipo incapaz de reaccionar ante la presión en las situaciones comprometidas (Un inning malo ante Estados Unidos y otro ante Corea, sacaron del partido mentalmente al equipo y costaron ambos juegos); es decir, aún queda mucho por aprender.

El trabajo en equipo, la concentración y la disciplina son las virtudes que llevaron lejos a los equipos asiáticos en el CMB, mientras que los equipos occidentales todos se confiaron en su talento para ganar los partidos. Las consecuencias: República Dominicana cayó eliminada ante Holanda (un país en donde el béisbol es tan relevante como el dominó o las bolas criollas); Venezuela, quien sólo tuvo que ganar un partido definitorio ante un rival de peso (Puerto Rico) gracias a un fixture favorable, se derrumbó ante Corea; Puerto Rico, quizás el país latino que sufrió la eliminación más injusta, fue víctima de una remontada de Estados Unidos, país este último que a su vez tuvo problemas de lesiones y falta de interés tremenda por parte de sus jugadores y fanáticos.

 La actuación de Venezuela, si bien fue claramente más digna que en  la primera edición del CMB, deja un sabor amargo, pues era un equipo que estaba para más. Dos victorias ante Italia, una ante Puerto Rico y dos ante Estados Unidos (ambas en partidos de trámite, pues ya los equipos se encontraban clasificados a la siguiente ronda), es un balance que debe examinarse cuidadosamente e interpretarse como es debido.

 Sojo, si bien ha mejorado en el oficio de manager en comparación con su primera actuación, demostró exceso de confianza frente a los partidos en que Venezuela cayó derrotada. Veteranos como Bob Abreu, Magglio Ordoñez, los jugadores con mayor experiencia en las mayores de los presentes en el Clásico, no pudieron aportar un liderazgo que sirviera de guía al equipo. Indudablemente no podemos excusar a los ausentes, quienes dejaron vacíos difíciles de llenar, particularmente en el relevo intermedio.

Nos queda el mal sabor porque no sabremos hasta donde hubiese llegado Venezuela si se  hubiese jugado cada partido como si fuese el último, tal como lo hicieron los equipos asiáticos, que dieron cátedra en disciplina, trabajo en equipo y ejecución de las jugadas pequeñas.

Ojalá que los directivos y responsables del equipo venezolano, tengan la humildad suficiente para aprender la lección que ha dejado este CMB; el talento no es suficiente para ganar, es necesario que los equipos tengan disciplina y jueguen comprometidos con la camiseta. Si el objetivo es el campeonato, muchas cosas deben cambiarse para ser unos contendientes serios, y lo primero es la actitud.

Magglio: Victimario y no víctima.

Magglio tomó una decisión y debe asumir las consecuencias.
Magglio tomó una decisión y debe asumir las consecuencias.

Para nadie era un secreto que Magglio Ordoñez era partidario de la “revolución bolivariana”, así como también un hombre de negocios estrechamente vinculado al  gobernador  de Anzoátegui.  Sin embargo, en los últimos meses y particularmente desde el inicio de la campaña para la mal llamada Enmienda Constitucional, hemos visto al otrora estrella de los Chicago White Sox colocar su “imagen” al servicio del proyecto del presidente Chávez, causando un profundo disgusto en una porción representativa de los que se oponen al proyecto totalitarista de aquel individuo que pretende perpetuarse en el poder.

Quiero dejar claro que no veo problema alguno en que Magglio Ordoñez o cualquier otra persona sea partidario de una u otra parcialidad política, como tampoco veo problema en que haga negocios (asumiendo que sean obtenidos lícitamente) con el gobierno.  Sin embargo, al ser una figura pública, tenemos que estar conscientes de que su deber es actuar con responsabilidad y coherencia; virtudes que parece no conoce Magglio.

No parece lógico que una persona que apoya un proyecto supuestamente socialista, lleve más de 15 años enriqueciéndose gracias a un modelo estrictamente capitalista, cobrando sus cheques de rentables franquicias de MLB. No veo con qué moral, un ciudadano que recibió la oportunidad de cumplir sus sueños y hacer una fortuna considerable gracias a sus méritos personales, propietario de constructoras y tierras tanto en Venezuela como en el “imperio”, presta su imagen para un proyecto político que tilda de diabólico al modelo económico que le permitió llegar a donde está. ¿Por qué, si Magglio es tan socialista como dice ser, no está jugando béisbol en la Liga Bolivariana? ¿Por qué se presta para ser imagen de Empresas Polar, cuando el gobierno que él apoya sostiene que esa empresa le da la espalda al pueblo?

Más de una vez hemos oído  al presidente y a su séquito decir que los peloteros deberían jugar “por amor al deporte” y no por dinero, de que ser rico es malo y el deporte profesional corrompe al juego. Sin embargo ahí vimos a Magglio, apoyando un proyecto que desde el punto de vista teórico, ataca el modo de vida que lo ha llevado a ser una superestrella, y lo más triste del caso es que pareciera no importarle. Reitero que no es problema apoyar una ideología u otra, pero hay que ser lo suficientemente íntegro como para entender que no se puede defender un proyecto cuando no se vive de acuerdo al mismo.

De tal manera que Magglio aceptó hacerse imagen de la “revolución”, para bien o para mal, con las contradicciones e incongruencias que rodean su decisión y llevando un modo de vida que se opone frontalmente a lo que predica, y tendrá que afrontar sus consecuencias. Magglio tiene que saber que se está exponiendo a sufrir reacciones adversas (abucheos), al exponerse apoyando las polémicas políticas de la “revolución bolivariana”. Paolo Di Canio (Jugador italiano de fútbol ex militante del Lazio) realizó el saludo fascista hace algunos años en el Estadio Olímpico de Roma, causando profundo malestar entre los fanáticos Italianos. Di Canio no solo mezcló política y deporte, sino que hirió la sensibilidad de la sociedad italiana, al apoyar una ideología que le causó mucho daño a ese país, y fue recriminado moralmente por ello.

Magglio debe estar al tanto de que hablar de socialismo cuando se tienen una fortuna en dólares, propiedades y guardaespaldas, resulta una soberana burla a los venezolanos que tenemos que lidiar día a día con la inseguridad, con una economía que se sostiene con alfileres y que a diferencia de él, los pocos que podemos acceder al privilegio de viajar afuera del país, tenemos los dólares contados gracias a CADIVI. Pero claro, esa no es preocupación para alguien que el año pasado ganó casi 100.000 USD por juego con los Tigres de Detroit, totalizando 15,768,164 USD en 162 partidos.

Es sorprendente que Magglio haya declarado que él merece respeto, tras haber recibido numerosas pitas y abucheos en Toronto y Miami. Yo le preguntaría a Magglio: ¿Acaso las víctimas que cobra la inseguridad diariamente en Venezuela no merecen respeto? ¿Acaso los más de veinte mil despedidos de PDVSA no merecían respeto? ¿Acaso los que aguantamos día a día los abusos del gobierno no merecemos respeto? ¿O es que su condición de superestrella lo coloca en un pedestal por encima de los demás y estamos obligados a rendirle pleitesía?

Por otro lado resultan vergonzosas las “muestras de apoyo” que recibe el pelotero tras tener que aguantar las pitas y abucheos de una supuesta minoría. Quienes lo justifican son o ilusos que creen que en Venezuela aún hay un régimen democrático, o hipócritas que se horrorizan por unas pitas, pero que se hacen de la vista gorda ante las verdaderas injusticias que se viven en el país (¿por qué no piden respeto para los comisarios que llevan varios años detenidos sin que se lleve a cabo su juicio? ¿por qué no piden respeto para los despedidos de PDVSA, a quienes el gobierno no sólo los dejó sin trabajo sino que les robaron sus prestaciones?).

Es lamentable que un jugador tan talentoso sea muestra de tal debilidad mental, incapaz de comprender que sus palabras y sus acciones van por dos caminos distintos y que cual vulgar arrabalera de cuarta, se vende como imagen de un proyecto que se opone frontalmente a su modo de vida, insultando, como mínimo, a medio país. También resulta lamentable que exija respeto, cuando él mismo ha asumido una postura y ha suscrito un proyecto que lo menos que garantiza a los venezolanos es respeto. Ese será un estigma que tendrá que llevar el resto de sus días, y ojalá le sirva al menos para comprender que el respeto se gana con las acciones, y no por el simple hecho de ser un jugador talentoso quese  coloca la camisa de la selección de Venezuela.

Saludos

L4E