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La Sabermetría y los mitos que la rodean

Haciéndo simple la Sabermétrica

A raíz del caso de Josh Satin (su pobre bateo y su excelente porcentaje de embasado) se planteó un debate sobre la sabermetría. Los detractores, tanto periodistas como fanáticos, han tomado el caso como su bandera y colocan a la sabermetría al lado de la cienciología, la medicina sistémica y Harold Camping.

Aclaro que no soy un experto en sabermetría, soy un simple mortal que disfruta el béisbol y las estadísticas. De hecho todavía leo artículos de algunos cronistas que manejan el tema y cada vez me consigo con una estadística sabermétrica nueva que no conozco. Algunas me parecen útiles, otras no tanto. A continuación, desde mi humilde perspectiva, algunos aspectos que debe saber cualquier persona que guste del béisbol sobre sabermetría:

  1. El análisis de estadísticas no es nuevo en el béisbol. Hoy podremos estar acostumbrados a ver un box score y revisar el average de un bateador y el promedio de carreras limpias de un lanzador, pero esas estadísticas no siempre estuvieron allí. El béisbol como lo conocemos hoy en día comenzó a practicarse en New York, hacia 1842. Seguir leyendo La Sabermetría y los mitos que la rodean
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¿Cómo elegir a un MVP en la MLB?

Josh Hamilton, AL MVP 2010

Este año el debate sobre los potenciales ganadores al Most Valuable Player o Jugador más Valioso comenzó antes de lo acostumbrado, quizás por el hecho de que a diferencia de temporadas anteriores, existen varios candidatos muy distintos entre sí y con argumentos para ser considerados, tanto en la Liga Americana como en la Liga Nacional.

El tema de la elección es un eterno debate, pues difícilmente ocurre que todos los votantes de la Baseball Writers Association of America (BBWAA) -mucho menos los fanáticos- coinciden en cuál es el pelotero que merece el galardón. Desde 1931, año en que la BBWAA comenzó a hacer entrega del MVP, sólo en un 10.6% de las ocasiones (17 de 160 premios) el ganador ha sido elegido por unanimidad.

Uno de los eternos dilemas a la hora de escoger al MVP es cuál debe ser el criterio a tomar en cuenta. Algunos consideran que debe ser el jugador que más colaboró con su equipo para clasificar a la postemporada; otros que debe ser el mejor bateador (contraponiendo el MVP al Cy Young, premio que se otorga al mejor lanzador); y otros tantos que debe ser al jugador más productivo, por nombrar tres de las tendencias más comunes. Dependiendo de cuál de esas premisas se defiende, el resultado puede ser totalmente distinto.

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El mejor fanático

El ser humano suele ser inconforme por naturaleza. Desde el mismo momento en que obtenemos algo que queremos, inmediatamente nuestra mente empieza a pensar en nuestro siguiente objetivo. El deporte refleja esa inconformidad en una manera exponencial, y parece ser un área en donde hemos decidido dejar por fuera cualquier parámetro de racionalidad y cordura; un área donde aquel que se atreve a usar la razón por encima de la pasión es acusado de conformista, mal fanático y que puede llegar a ser considerado por los demás miembros de su especie como un judas o un ser despreciable que no “siente” al equipo.

Cada año, cada temporada, uno va sacando un aprendizaje; en mi caso, me he dado cuenta que es difícil complacer a todo el mundo. He sido abonado en el estadio en varias ocasiones, en otras no me provoca ni prender el radio para escuchar los partidos. He sido el que madruga escuchando y leyendo reseñas; he sido el que idolatra a su equipo haciendo páginas web; he sido activista (Gracias por ayudarme a añadir eso al CV, Carlos Hernández), he sido manifestante civilizado (ASOFANC+), he escrito en cuanto foro de béisbol hay y he dejado de hacerlo, todo en distintas etapas y ciclos. Eso sí, jamás he dejado de apoyar a mi equipo. He vivido mi fanatismo de distintas maneras, pero siempre lo he sentido, y he acompañado a mi equipo en las buenas y en las malas.

Lo cierto es que en cada una de esas etapas, siempre ha existido gente que piensa que uno no es buen fanático. Si eres abonado pero te vas un día que tu equipo está perdiendo en el 7mo. Inning, eres un mal perdedor. Si no escuchaste el juego porque ese día te provocó ver un capítulo de Lost, no quieres al equipo. Si protestas con gritos, eres un salvaje falta de respeto. Si protestas con cartas, eres un cobarde que no se atreve a hacer “lo que sea necesario”. Si criticas a un jugador, no apoyas al equipo. Si no lo criticas, eres un tarado al que no le duele la camisa. Si escribes en los foros, eres insoportable y te lo tomas demasiado en serio. Si no lo haces, es porque no quieres al equipo sino cuando gana. Si te pones la camisa del equipo cuando pierden, te consigues al que te dice jalabolas. Si no lo haces, te consigues al que te dice que te avergüenza el equipo. Si no escribes y comentas en Tweeter cada victoria y cada derrota, eres un fiasco.

En fin, existen muchos accesorios que rodean al sentir de un fanático y que tocan lo irracional. Ni ponerte una camisa te hace mejor fanático, ni gritar más duro te hace mejor fanático, ni pegarte al radio te hace mejor fanático, ni ser el que más chalequea a los demás te hace mejor fanático, ni ser el que más insulta a los jugadores te hace el mejor fanático, ni tampoco lo hace el que más los defiende.

Quitemos todos los accesorios y vamos al fondo: ¿Qué hace que una persona sea un fanático de verdad?

A mi juicio, lo único que hace que una persona sea un verdadero fanático es su lealtad al equipo; lealtad que sólo puede ser tal cuando se interpreta racionalmente. Una persona que tras una semana de temporada está pidiendo la cabeza del cuerpo técnico del equipo que apoya porque han tenido un mal arranque el año después de quedar campeón, no está siendo leal con su equipo, porque al no haber una muestra suficientemente sólida para evaluar al equipo, no es racional actuar así. Tampoco lo es aquel que se queda indiferente, celebrando los buenos momentos e ignorando los malos. Mucho menos leal puede ser el que en una mala temporada se dedica a apoyar a otros equipos. El que es verdaderamente leal siempre está ahí; a lo mejor no es el que hace más bulla, el que grita más duro, ni tampoco el que compra más cosas con el logo del equipo, pero es aquel con el que el equipo cuenta en las buenas y en las malas. El que es consecuente y sabe que un equipo puede tener buenos y malos momentos, pero lo sigue apoyando de acuerdo a lo que le exige cada situación.

En fin, hay muchas formas de interpretar el fanatismo, pero creo que sólo con racionalidad podremos valorar el fondo y no quedarnos en lo accesorio y en los adornos.

L4E

Grandes Ligas vs. Béisbol Invernal

Hace unos veinte o veinticinco años, que un jugador venezolano actuase en las Grandes Ligas era la excepción y un equipo se daba el lujo de contar con todas sus estrellas desde el primer mes de temporada, hasta el último partido de la Serie del Caribe, en caso de que su equipo clasificara.

Progresivamente y cual espada de Damocles, el crecimiento y el desarrollo de nuestra Liga, las expansiones  tanto locales como las dos expansiones de las Grandes Ligas en 1993 y 1998, y la posibilidad de captar talentos en Latinoamérica a un costo inferior al de formar jugadores a través del tradicional draft de jugadores norteamericanos, fueron actuando en favor de la calidad de nuestro béisbol, pero en detrimento de la presencia de muchas estrellas hasta la etapa final del campeonato o por apariciones sumamente restringidas.

Pasaron los años y surgieron las restricciones, el Winter Agreement, la Cláusula de Fatiga Extrema y las migrañas de Franklin Gutiérrez. Los jugadores que decidieron aventurarse en el béisbol asiático, sufrieron restricciones aún mayores. Con ello surgieron casi en paralelo las figuras de refuerzos y substitutos, (tema que a mi parecer, no aporta nada hoy por hoy, pero que dejaré para otro post).

Lo cierto es que hoy por hoy, las estrellas no suelen jugar en el béisbol venezolano; los que lo hacen, no vienen desde el primer día, tampoco se quedan para la Serie del Caribe, y últimamente tampoco juegan siquiera la final.

1. ¿Es el béisbol venezolano presa de su propio éxito?

Hace unos años, los jugadores podían pasar tres, cuatro o cinco temporadas como titular en su equipo en Venezuela, antes de ser llamado al equipo grande. Luego, podían pasar un par de años más antes de que se estableciese, y una vez el jugador alcanzaba su breakout season es que su participación en el béisbol venezolano se ponía en riesgo.

Hoy en día los prospectos de 17 o 18 años que aún no han debutado siquiera, son como jarrones de porcelana y las restricciones de turnos al bate, lanzamientos y apariciones están a la orden del día, al punto en que no es extraño que un lanzador que no ha debutado aún en el país, ya tenga prohibido lanzar en Venezuela. Casos como el de Jhoulys Chacín, prospecto de los Rockies de Colorado y Leones del Caracas, que jugó la temporada pasada apenas un par de meses y bajo un estricto control de lanzamientos por juego y entradas totales, son cada día más comunes. También son comunes casos como el de Félix Hernández, que desde su debut en las Mayores no ha pisado el Antonio Herrera Gutiérrez sino de visita, donde sus Cardenales de Lara son locales. Más paradójico  es el caso de Dioner Navarro, eterno prospecto de los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Los Ángeles y ficha de los Leones del Caracas, catalogado el próximo Iván Rodríguez desde el 2001; que se inició en las granjas de los Yankees de Nueva York -equipo con el que jugó 5 partidos en el 2004- y que no tomó su primer turno en Venezuela sino hasta el 2006, cuando ya había sido cambiado a los Tiburones de La Guaira y a los Rays de Tampa.

Como éstos ha habido muchos casos y los equipos de la Liga han tenido que aprender a convivir con las restricciones y a no depender de sus grandeligas. El primer equipo que tuvo que modificar sus esquemas fue el Caracas, tras tres eliminaciones en fila a principios de siglo en una época en donde dependía exclusivamente de sus grandes jugadores; mientras que otros como los Tigres de Aragua, de la mano de una gerencia efectiva aprovechó la coyuntura para construir un equipo que combinase el suficiente talento de grandeliga con jugadores rendidores del día a día.

2. ¿El acoso de los equipos de Grandes Ligas no permite que los jugadores vengan a su país?

A finales de los años 90, los equipos ponían restricciones y prohibiciones a los jugadores de manera discrecional. Era sabido que equipos como los Yankees o los Dodgers eran muy cerrados en sus políticas a la hora de permitir que sus jugadores participasen en el béisbol invernal.

Surgió el Winter Agreement y la Cláusula de Fatiga extrema, cuyo propósito era regular esas restricciones y prohibiciones para limitar la potestad discrecional de los equipos y establecer parámetros objetivos. Los acuerdos hasta ahora han mantenido la balanza inclinada a favor de las franquicias de Grandes Ligas, siendo poco el beneficio obtenido para los conjuntos locales.

No obstante, aquí es importante tener en cuenta que a pesar de todas las restricciones, prohibiciones y demás órdenes de la franquicia, una cosa que no se dice es que quienes suelen tener la última palabra son los propios jugadores, siempre y cuando estén sanos.

Casos como los de Miguel Tejada, Bob Abreu (hasta el 2005), Miguel Cabrera y Francisco Rodríguez, demuestran que es posible jugar béisbol invernal aun cuando los equipos de Grandes Ligas no están muy entusiasmados con la idea.

¿Qué ocurre entonces? Pues muchos jugadores, cuando adquieren cierto estatus en Grandes Ligas, prefieren dedicar los meses de invierno a descansar, estar con su familia u atender sus intereses, y la restricción de jugar en Venezuela les cae como anillo al dedo.

Entonces, los equipos de Grandes Ligas ponen sus condiciones, pero los hechos demuestran que no son absolutas y que en muchas ocasiones son negociables, como casi todo en el país del Tío Sam.

3. ¿Los jugadores le dan la espalda al país que lo vio nacer y el béisbol en el cual se formaron?

El que lea la respuesta anterior pensará que sí, pero esto tampoco es un absoluto. Hay que estar claros en que los jugadores son seres humanos, y tienen derecho a tomar la decisión que consideren más conveniente para su futuro en lo personal y profesional. Para algunos, ganar un campeonato en Venezuela puede ser importante, pero para otros no lo es y nunca lo fue.

Jugadores como Dioner Navarro no pueden ni tienen por qué sentir un arraigo hacia un equipo en Venezuela, pues su futuro, su carrera se la está jugando en las Grandes Ligas y así ha sido desde el comienzo. Los tiempos en donde un jugador debutaba en Venezuela y surgía gracias al éxito en la liga local terminaron. Muchos fanáticos nos quejamos de los jugadores que se van y no vuelven, pero no nos ponemos en sus zapatos.

En fin, como todo en la vida hay que tomar en cuenta muchos factores y no ser extremista al momento de condenar a equipos o jugadores. Lo importante es que en el futuro la Confederación del Caribe logre verdaderamente nivelar la balanza entre los intereses de los equipos de grandeliga y el béisbol invernal, teniendo en cuenta que a la final son los propios jugadores quienes tendrán la palabra para decidir qué hacer.

L4E