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Las corridas de toro: Una excusa para ser activista fashion.

En primer lugar, quiero aclarar que mi intención aquí es jugar a abogado del diablo. En lo personal, tengo más de 10 años que no voy a una corrida de toros y no tengo intenciones de volver pronto; pero cada vez que escucho a alguien haciendo activismo en contra de la tauromaquia con argumentos que parecen sacados de una revista sensacionalista y expresándose de manera despectiva de todos los que no piensan como ellos, hacen que me provoque comprarme un abono en Las Ventas, en Madrid.

Entiendo que hay gente seria que está en contra de la tauromaquia, y tienen argumentos válidos para criticarla y considerarla maltrato animal. Mis respetos y aclaro que en manera alguna este post va dirigido contra ellos. Pero como todo movimiento contemporáneo cuya intención es modificar una práctica tradicionalmente establecida, hay muchas personas que se unen a apoyar la causa y pretenden ser “más papistas que el Papa”. Me refiero a esos activistas fashion, conducta no muy distinta a ir a las marchas a favor o en contra del gobierno sin saber a ciencia cierta qué es lo que criticas o apoyas.

Cuando una persona defiende una causa sin conocer su fundamento, puede terminar tomando posturas radicales tan o más absurdas que la que critican. He leído comentarios de más de uno de estos activistas fashion en donde llegan a regocijarse con la idea de que un toro asesine al torero en el medio de la corrida. Entonces, lo que debería ser un argumento en contra de las corridas de toro (El hecho de que una persona ponga en riesgo su vida con una actividad peligrosa al estar correteando sin protección a un animal salvaje no debería ser concebible en una sociedad moderna), termina vendiéndose como una posición radical que tampoco puede ser justificada.

Yo me pregunto si la mayoría de estos activistas fashion, conocen el verdadero impacto de la práctica que critican. ¿Cuántos toros mueren actualmente producto de las corridas en Venezuela? ¿Qué hay de cierto en los estudios que dicen que los toros no sufren? ¿Si estuvieran en un hábitat natural; causarían daño a otras especies? Estos animales son criados para estar en las corridas; ¿Qué pasaría con la raza si se prohíben las corridas? Desconozco la respuesta a todo esto, pero antes de pararme en una plaza a protestar o apoyar activamente la tauromaquia, me pondría a buscar esas respuestas.

Ahora, ¿Por qué considero que esos son aspectos importantes a tomar en cuenta antes de asistir a una protesta de este tipo? Porque cuando vivimos en una ciudad donde el último fin de semana hubo 50 personas fallecidas por causa del hampa, creo que hay que priorizar. He visto varios mensajes en Twitter y en Facebook tildando de asesinos y delincuentes a los que apoyan las corridas de toro, pero ninguno este fin de semana condenando a los que matan a nuestros semejantes. ¿Los derechos del toro ameritan nuestra más alta e inequívoca voz de protesta, pero respecto a los venezolanos que mueren guardamos un profundo silencio y una total indiferencia?

Más grave aún; en ese sentir por alzar nuestra voz y luchar por las causas nobles, ¿Cómo es que protestar por las corridas de toro está por encima en la lista de causas como acabar con la hambruna en África?

O no nos pongamos tan crudos; vamos a mantenernos en el ámbito del maltrato animal:

  1. ¿Cuál es la situación de los mataderos en Venezuela? ¿Se cumplen con los estándares para garantizar que los animales no sufran? Porque si la intención es criticar el sufrimiento del animal, pues más que la percepción del humano lo importante es lo que el animal sienta. Si el animal sufre en una corrida o en un matadero, para él es lo mismo, lo único que cambia es nuestro punto de vista. Él no distingue si su sufrimiento es por espectáculo o como parte del proceso para convertirse en nuestro alimento. Y si a nosotros nos preocupa el sufrimiento animal, debería preocuparnos que los mataderos sean lo menos crueles posibles.
  2. ¿Por qué no ha habido alguna protesta por la comida halal, aquella que consumen los musulmanes y que es producto del degollamiento y desangramiento del animal sin el uso de descargas eléctricas que neutralicen sus nervios? ¿Sabían que en Venezuela existen establecimientos donde se vende este tipo de comida?
  3. ¿Por qué no hay movilizaciones para acabar con el submundo de las peleas de gallos, costumbre mucho más arraigada en el país que las corridas de toro y en el que se mueve cantidades inimaginables de dinero por apuestas?

A lo que quiero llegar con todo esto es que debemos tratar de ser congruentes con nuestras posturas, y que independientemente de la posición de cada quien, cualquier radicalismo resulta exagerado cuando no se tiene en cuenta el entorno completo. Si vamos a criticar una conducta no lo hagamos porque los demás lo hacen o porque esté de moda, sino porque realmente tenemos fundamento para hacerlo. Hacer activismo en contra de las corridas de toro está bien cuando se hace con fundamento, y eso debe seguirse haciendo; pero la mayoría de los que se oponen a las corridas y salen a las calles a alzar sus voces de protesta, se revisten de moralidad y juzgan a quienes piensan distinto, cuando hay situaciones más graves por las cuales no están haciendo absolutamente nada.

L4E

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El mejor fanático

El ser humano suele ser inconforme por naturaleza. Desde el mismo momento en que obtenemos algo que queremos, inmediatamente nuestra mente empieza a pensar en nuestro siguiente objetivo. El deporte refleja esa inconformidad en una manera exponencial, y parece ser un área en donde hemos decidido dejar por fuera cualquier parámetro de racionalidad y cordura; un área donde aquel que se atreve a usar la razón por encima de la pasión es acusado de conformista, mal fanático y que puede llegar a ser considerado por los demás miembros de su especie como un judas o un ser despreciable que no “siente” al equipo.

Cada año, cada temporada, uno va sacando un aprendizaje; en mi caso, me he dado cuenta que es difícil complacer a todo el mundo. He sido abonado en el estadio en varias ocasiones, en otras no me provoca ni prender el radio para escuchar los partidos. He sido el que madruga escuchando y leyendo reseñas; he sido el que idolatra a su equipo haciendo páginas web; he sido activista (Gracias por ayudarme a añadir eso al CV, Carlos Hernández), he sido manifestante civilizado (ASOFANC+), he escrito en cuanto foro de béisbol hay y he dejado de hacerlo, todo en distintas etapas y ciclos. Eso sí, jamás he dejado de apoyar a mi equipo. He vivido mi fanatismo de distintas maneras, pero siempre lo he sentido, y he acompañado a mi equipo en las buenas y en las malas.

Lo cierto es que en cada una de esas etapas, siempre ha existido gente que piensa que uno no es buen fanático. Si eres abonado pero te vas un día que tu equipo está perdiendo en el 7mo. Inning, eres un mal perdedor. Si no escuchaste el juego porque ese día te provocó ver un capítulo de Lost, no quieres al equipo. Si protestas con gritos, eres un salvaje falta de respeto. Si protestas con cartas, eres un cobarde que no se atreve a hacer “lo que sea necesario”. Si criticas a un jugador, no apoyas al equipo. Si no lo criticas, eres un tarado al que no le duele la camisa. Si escribes en los foros, eres insoportable y te lo tomas demasiado en serio. Si no lo haces, es porque no quieres al equipo sino cuando gana. Si te pones la camisa del equipo cuando pierden, te consigues al que te dice jalabolas. Si no lo haces, te consigues al que te dice que te avergüenza el equipo. Si no escribes y comentas en Tweeter cada victoria y cada derrota, eres un fiasco.

En fin, existen muchos accesorios que rodean al sentir de un fanático y que tocan lo irracional. Ni ponerte una camisa te hace mejor fanático, ni gritar más duro te hace mejor fanático, ni pegarte al radio te hace mejor fanático, ni ser el que más chalequea a los demás te hace mejor fanático, ni ser el que más insulta a los jugadores te hace el mejor fanático, ni tampoco lo hace el que más los defiende.

Quitemos todos los accesorios y vamos al fondo: ¿Qué hace que una persona sea un fanático de verdad?

A mi juicio, lo único que hace que una persona sea un verdadero fanático es su lealtad al equipo; lealtad que sólo puede ser tal cuando se interpreta racionalmente. Una persona que tras una semana de temporada está pidiendo la cabeza del cuerpo técnico del equipo que apoya porque han tenido un mal arranque el año después de quedar campeón, no está siendo leal con su equipo, porque al no haber una muestra suficientemente sólida para evaluar al equipo, no es racional actuar así. Tampoco lo es aquel que se queda indiferente, celebrando los buenos momentos e ignorando los malos. Mucho menos leal puede ser el que en una mala temporada se dedica a apoyar a otros equipos. El que es verdaderamente leal siempre está ahí; a lo mejor no es el que hace más bulla, el que grita más duro, ni tampoco el que compra más cosas con el logo del equipo, pero es aquel con el que el equipo cuenta en las buenas y en las malas. El que es consecuente y sabe que un equipo puede tener buenos y malos momentos, pero lo sigue apoyando de acuerdo a lo que le exige cada situación.

En fin, hay muchas formas de interpretar el fanatismo, pero creo que sólo con racionalidad podremos valorar el fondo y no quedarnos en lo accesorio y en los adornos.

L4E